EL ROMANCE DEL BARRIO

El barrio tiene la cara
como niño sin escuela.
Le han remendado con charcos
sus pantalones de tierra.
Junto a la calle se agrupan
para elevar entre piedras
las cuarterias deformes
sus plegarias de madera.
Es un remiendo jugando
sobre la calle de niebla
el niño, entre grito y grito
ahumado de cocinera.
A las cinco, sin el sol,
todas las casas despiertan.
Abren sus ojos de pino
-les abren todas las puertas-
y mas tarde en los talleres
el trabajo se congrega
para elevar sus canciones
de martillos y de sierras.
El barrio era antes camisa
tirada en las cordilleras.
Sangre abierta bajo el plomo
de una oscura soldadesca.
Hoy habla por sus martillos,
por la aguja y la tijera.
Por el futuro que aguarda
con fino temblor de arterias
y por la voz de ancestro
que emergiendo de la tierra
tiene dolor de otros años
y amargura de experiencia,
tiene silencio de plomo
en las mandíbulas negras.
David Moya Posas

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