LOS SUICIDAS ESPEJOS DEL HIDROGENO
He traspasado muros, llantos, enredaderas,
vivido en la vigilia
que surge de la noche
creciendo
como un inmenso y dúctil páramo de silencio
He conocido todos los nocturnos
bajos fondos del tiempo.
He abierto un libro
nombrando a las estrellas con palabras clarísimas.
He tratado de anclar en el papel tu nombre,
tu perfecta
definitiva palabra.
Me he fatigado. sudoroso,
desesperado
por modular tus salvadoras y luminosas letras
¡inalcanzable jubilo!
y he dibujado el acervo plasmar de las guitarras,
el electrocardiograma empirico y llameante
de la muchacha herida por los primeros y húmedos
deslumbramientos del amor.
y todo porque venga tu gozosa presencia
viajando con las barcas
extintas de
los antiguos y tiernísimos
afluentes del verano.
He trabajado vanamente en la arcilla del gozo.
Lo sé. Lo reconozco y me maldigo.
Es imposible edificar tu Acrópolis,
Dulzura,
para quien, como yo, tan solo ha visto
tu imagen radiactiva danzando en los espejos
suicidas del hidrógeno en donde el niño espástico
contempla desde sus pupilas.
traicionadas
su propio corazóon acuchillado
por los oscuros y goteantes
kilotones
hongoides del porvenir.
David Moya Posas