REINGRESO AL AMANECER

Hasta luego, dolor.
Quizá hasta nunca.

No se puede sufrir gozosamente
bajo el sonido de una luz furiosamente interminable.
Cuando hemos emergido del abismo del amor
inhumano y pensamos que en el pecho
han crecido los muros del selváitico acero
nos agrede la noche
aguda del sarcasmo. 

Pero viene hasta el otoño
cínicamente incrédulo
inesperadamente, cuando apenas se aguarda
la tormentosa aurora creciendo de las lápidas antiguas.

Y las lágrimas se alzan nuevamente
y el corazón desboca su amoroso redoble
cuando te llegas nuevamente, ensueño,
inextinguible y renovada llama,
indestructible dicha,
inconsumible amor
Amor, amor, amor.
David Moya Posas

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