TEGUCIGALPA EN LA FERTIL MAÑANA DEL PRODIGIO
Sobrevolaba el noticioso
silencio una nevada población de tiritantes ritmos
moldeados en el alba circular de los tiempos.
Las calles, como túneles,
los balcones
enrejados de orín
me hablaban conclarísima mudez y herrumbrosa
jactancia
del amor verdadero destinado al muello de mis brazos
y era su verbo leal como la sombra audible de los perros
invernales
-Esta ciudad partida por un río de agonizantes músicas
más que un hueco de cal regado de fatigas
es una atmósfera de pájaros legada al constructor
del clima torrencial del porvenir.
Aquí no hay campo para embalsamar el tiempo.
Esta ciudad vendrá
a conquistar la adulta serenidad del día
a pesar de que es fácil
negarla, abandonarla
y cantar sus miserias tras el arpa silvestre del
estruendoso exilio.
Rudamente dulcícisimo es trabajar su arcilla
en el taller melódico
de la estructura ausentemente alegre
del futuro.
Y feliz del labrador de su exacto horizonte
al palpar las epidermis de su flor humánisima
porque habran de entender que ha germinado al fin
su combatiente pulso
por arrancarle al tiempo los relojes guerreros
de una orgullosa, altiva
y verdadera ciudad
construida con la explosiva vertiente de las lágrimas
inextinguibles de una fértil mañana de prodigio.
David Moya Posas